Una familia de campesinos españoles vive subordinada a la clase que posee la tierrra, domina los recursos y manda sobre ellos. Su vida es renunciar y obedecer. Su destino está marcado y unicamente algo violento, fuera de lo cotidiano, romperá su condena. Las majistrales interpretaciones de Alfredo Landa y Paco Rabal merecieron el premio del festival de Cannes.